Ya hace unas semanas que terminamos el
taller de La casita de chocolate, pero liada con la defensa del TFG apenas he
tenido tiempo de escribir en el blog.
Uno de los objetivo de este taller era trabajar la inteligencia emocional, en concreto el reconocimiento de emociones
básicas.
Aquí veréis el cuento que Lucía nos narraba mientras nos iba mostrando los
pictogramas que representan la alegría, la tristeza, el miedo y la
felicidad. Se trataba de aprender a identificar esas emociones.
Después, nosotros los peques teníamos que asociar las escenas con la emoción correspondiente, aunque la alegría y la felicidad nos resultan aún algo confusas, apenas las diferenciamos. En las asambleas también hablamos mucho de las situaciones en que sentimos esas emociones, por ejemplo, si mamá nos riñe estamos tristes, cuando jugamos con los amigos estamos alegres, cuando papá y mamá nos dan besos nos sentimos felices, los ruidos muy fuertes nos dan miedo, etc.
Identificar emociones, primer paso de la Inteligencia Emocional
También trabajamos el concepto corto-largo, que aparece en el cuento. Lo hicimos construyendo vías de tren, y filas de animales, largas y cortas. Estos son conceptos tanto de lógica matemática como de inteligencia visoespacial.
Vías largas y cortas
Para educar este tipo de inteligencia también jugamos a construir casas con los bloques de foam, al principio nos costó mucho, hasta que tomamos conciencia de que había que ayudarse y colaborar con los demás para conseguirlo. Cuando por fin lo logramos, ¡Hala, todos a refugiarnos dentro de la casita, que viene la bruja! ¡Qué diver!
Construir casas, ¡qué dificil!
¡Todos adentro, que viene la bruja!
Además, hicimos puzles con la imagen de Hansel
y Gretel. ¿Qué va arriba, la cabeza o los pies? ¿Y si los ponemos boca abajo?
¡Vaya lio!
¿Los pies van arriba o abajo?
Trabajamos así mismo el número dos, grafía
y cantidad. Acordaros que eran dos los caramelos que la
bruja les ofrecía. Comenzamos con un juego, descubrir todos los números escondidos por la clase. Cuando los encontrábamos los colocábamos en una
bandeja y seguidamente los clasificábamos según su grafía: en una bandeja todos
los números uno, en otra los números dos y en otra los números tres.
Clasificando los números
Otra actividad fue conocer y nombrar las partes de la casa, en castellano ayudándonos del mural, y en inglés a través del ordenador, con el juego de los peces comilones. Y también aprendimos que Hansel is a boy, Gretel is a girl, Hansel has blue trousers, y Gretel has a pink dress
Una de las cosas más sorprendentes que en el ordenador pudimos ver fue ... nuestra propia casa! ¡Que sí, que estaba allí! Nuestra camita, nuestro salón. A los dos días según aparecían las imágenes en la pantalla ya sabíamos: esta es la cama de Marcos, este es el salón de Manuela, el sofá de Ángel. Y también preguntábamos por las cosas que veíamos en las fotos: los coches de la habitación de Lucía, la pizarra del salón de Samira, el Pocoyó de la cama de Ángel...
Y no podía faltar el taller artístico, que esta vez le hicimos con todos los sentidos. Mientras escuchamos una composición musical llamada Sueño de amor de Franz Liszt, con chocolate pintamos una casita que Lucía nos había preparado en cartón duro.
¡Qué placer, oler el chocolate, mojar los deditos y rechupetearlos! Y, luego, para que nuestra casita fuera más auténtica la decoramos con chuches. Este es el resultado. ¡No me extraña que Hansel y Gretel quisieran comérsela!
Las nuevas tecnologías
llegaron para quedarse y ya forman parte del día a día de nuestros peques. Si en
los centros educativos se prepara para la vida en sociedad y se forma para el
futuro, se hace necesario introducir las TIC en
el aula. Pero no de cualquier forma. Los centros más avanzados cuentan con
pizarras interactivas, nosotros tenemos que conformamos con el ordenador. Ojo, que
no se trata de tener un ordenador para tenerles entretenidos con vídeos o con los Cantajuegos, sino que es una herramienta más que nos ayuda a complementar,
ampliar o reforzar los diferentes aprendizajes.
En la guarde
tenemos el rincón del ordenador, que no es otra cosa que una
pequeña estantería, con cierre de persiana para “mantenerlo a salvo de manos inquietas”
en los momentos en que no se usa. Al lado una silla a la altura de los peques, que
les permita usarlo manteniendo posturas adecuadas. Y en frente la alfombra, desde donde ven, escuchan, comentan, cantan e interactuan con él. Unas veces sentados, otras tumbados y otras de pie.
Antes de
empezar a utilizarlo se lo presento a través de este cuento que he creado para
ellos. Bueno, aquí solo se ven las imágenes y el texto, pero en el power original que tenemos en el ordenador, se aprecian bien todas las animaciones: imágenes que se mueven, que se acercan y se alejan, letras que aparecen y desaparecen, otras que se agrandan y se encogen, etc. En el original es un cuanto muy visual y atractivo.
Se trata de que aprendan el nombre de cada una de las partes que lo componen y su uso específico. Son aspectos
que sientan las bases de una rudimentaria cultura tecnológica. Por ejemplo, al
principio si encendía la torre pero no la pantalla o el altavoz, decían: no
funciona, está estropeado. Ahora, ya identifican que también hay que
encenderlos para poder ver y escuchar. Alguna
vez no los enciendo a propósito y enseguida se dan cuanta y me recuerdan cómo
hacerlo bien.
Dos son las
formas de utilizarlo que he planteado:
1-Desarrollo de habilidades psicomotrices, fundamentalmente a través del manejo del ratón. Los objetivos principales son:
Aprender a desplazar el ratón por la alfombrilla manteniendo unos límites. Estos límites
se refieren tanto a la propia alfombrilla como a la pantalla. En este caso, eso
supone establecer relación causa-efecto entre el movimiento del cursor en la
pantalla y el movimiento del ratón por la alfombrilla.
Aprender
a situar el cursor sobre un objeto determinado.
Hacer
clic sobre ese objeto
A
más largo plazo, otro objetivo sería hacer clic sobre un objeto y arrastrarlo, pero he de confesar
que en los años que llevamos con el ordenador en el aula, no lo he conseguido. Hay
aprendizajes que van con el desarrollo del niño y nuestros peques aún no han
alcanzado la madurez necesaria para conseguirlos.
En definitiva, este sería un uso de
la informática como fin en sí misma, para que los peques vayan adquiriendo unas destrezas básicas que sienten las bases
de su competencia tecnológica y de su adaptación a una sociedad dominada por las
TIC. Para conseguirlo tenemos algunos
elementos de software infantil muy específicos.
Al principio
hay que guiarles en estas primeras experiencias, pero luego, cuando se creen “autónomos”
no quieren que les eches una mano. La forma de trabajo es en grupos de dos o
tres como mucho, pues la pequeña conversación que mantienen entre ellos contribuye
a afianzar sus aprendizajes.
2- Desarrollo de habilidades cognitivas. Aquí entran habilidades de todo tipo, desde
pensamiento lógico-matemático, iniciación a la lengua inglesa, inteligencia
emocional, conocimiento del entorno, etc. Pero, no son actividades que se ofrecen de forma improvisada ni para el tiempo de relleno, sino que son recursos siempre integrados
dentro de una unidad de trabajo. Por ejemplo, cuando trabajamos el centro de
interés sobre el otoño en el ordenador vimos un vídeo sobre las ardillas y otro de Baby Einstein, cuando hicimos el
taller de La casita de chocolate aprendimos las partes de la casa en inglés y
vimos las fotos de las estancias de nuestra propia casa, cuando el centro de interés era la Semana
Santa, visionamos varias procesiones, etc.
Destaco especialmente
el programa de Bits de inteligencia. Los bits son imágenes
exentas, agrupadas por temas, que se ofrecen a impulsos de un segundo y que
tienen la finalidad de potenciar los circuitos neuronales en el cerebro de los
niños (Glen Doman). Siempre me ha llamado la atención la extraordinaria atención que prestan
cuando se los paso.
En este
caso, hablamos de un uso de la
informática como medio, tratando de aprovechar su potencialidad para fines
muy diversos, por ejemplo, para la
trasmisión de contenidos, para fomentar la habilidad óculo-manual o habilidades lingüísticas, para desarrollar la memoria visual y auditiva,
etc.
Conclusión: El
ordenador en el aula es una herramienta de trabajo, no un pasatiempo.
Con la llegada de la primavera un sol intenso entra por la ventana de la clase a primera hora de la mañana. La verdad es que esperaba este momento para poner en práctica una actividad que relaciona luz y color. Ya anteriormente trabajábamos el color mirando el entorno a través de papel de celofán de colores, y lo hacíamos poniendo nombre a ese color: veo de color rojo, azul, amarillo, según el papel que en ese momento utilizáramos.
Miradas de colores
Ahora la experiencia es más compleja, pues entra en juego otro elemento, la luz directa del sol. Y esto es lo que ha pasado:
Primero, durante un buen rato estuvieron mirando y experimentando con celofán de diversos colores. Después lo coloqué en los cristales y centré su atención en la sombra de color que se proyectaba en la pizarra, que está justo al lado de la ventana. Les dije que era el sol quien pintaba la pizarra de color a través del papel del cristal. La verdad es que no se me ocurrió dar otra explicación, porque con dos años, dudo que sean capaces de comprender otras ideas más científicas, y porque una característica de esta edad es el animismo, atribuir características y actividades humanas a objetos inanimados.
Y entonces, uno de los peques se fue a por el borrador e intentó borrar los colores que “el sol pintaba”. Muy extrañado miraba a la pizarra y al borrador alternativamente una y otra vez, quizá pensaba ¿porqué no se puede borrar? Al final se dio cuenta de que no era posible eliminar el color y lo dejó, pero detrás vino Ángel y vuelta a la misma tarea, intentar eliminar el color que el sol había pintado.
No se borra
Después, interponiendo diversos objetos
les mostré cómo se reflejaba la luz , pero
lo que más asombro causó fue comprobar que si ponían sus manitas éstas se volvían de
colores. Y mayor era su asombro al comprobar que si la retiraban, la mano
volvía a su estado natural. Así se pasaron un buen rato, moviéndolas de un sitio para otro, de
un color para otro. Y al final ellos mismos “se teñían” de colores. Ángel, al ver a sus compañeros "pintados" empezó a reírse con esa carcajada suya tan contagiosa, y al final
terminamos todos riendo con él.
Al día siguiente, a última hora
de la mañana, Lucía, la peque, se quedó absorta observando los colores reflejados. Y es que
en ese momento, por la trayectoria del sol
se habían desplazado y se encontraban mucho más arriba en la pared. Entonces me preguntó quien había puesto los colores
allí arriba. ¡Vaya pregunta más inteligente! Se había planteado un conflicto cognitivo. Yo le contesté que era el sol que se movía, y se llevaba los
colores de un lado para otro. -¿El sol se mueve?-Me preguntó extrañada. -Si, claro, el sol se mueve por el cielo. No sé qué idea pasaría por
su cabecita, tal vez se imaginó el sol caminando de un lado para otro, porque se asomó a la ventana buscándolo. Sin embargo no dijo nada. Quizá ya estaba muy alto en el cielo y no se veía. Luego, durante la mañana varias veces volvió a preguntármelo. Y no cesaba de repetirse que el sol se mueve, como para asegurarse de ese nuevo conocimiento recién adquirido.
Mi intención no era, desde luego,
dar ninguna explicación de tipo didáctico acerca de la proyección de la luz ni del movimiento del sol,
simplemente que sintieran el placer de experimentar e investigar, pero si al
final les ha quedado claro que el sol se mueve por el cielo,
pues me doy por muy satisfecha.
Otro día, Marcos llegó diciendo
que había ido con papá a Cabornera a ver los lobos y se me ocurrió hacerle un lobo con
sombra proyectada en la pared. Al principio se quedó mirando muy extrañado, -Un lobo, hay un lobo-les decía a los otros niños, a medio camino entre el secreto, la sorpresa y cierto temor a lo desconocido. Poco a
poco, con mucho recelo, se fue acercando y “le metió la mano en la boca”. -No muerde, mira, no muerde-me decía. Y volvía a poner la mano una y otra vez. -A ver, a ver- se acercaban los compañeros y repetían el gesto. "A ver", son dos palabras que en boca de los niños me encantan. Porque lo que realmente significan es "yo también quiero descubrir, quiero comprobar, quiero aprender, quiero ..."
No muerde
En el
fondo, creo que Marcos ha establecido algún tipo de relación entre la luz que entra
por la ventana y la sombra del lobo, porque algunos días intenta hacerlo él.
Bueno, el caso es que a partir de ese día, cada mañana hay que hacer sesión de
sombras de lobo.
Al final he decidido dejar los papeles de
celofán en la ventana de forma permanente, hasta que el sol modifique su trayectoria
y ya no se proyecten sobre la pared, porque seguro que entre tanto alguna idea más nos surgirá.
Como veis, nuestra ventana no
tiene nada que envidiar a las vidrieras de la catedral.
ACTUALIZACIÓN 1: Pues sí que han surgido ideas nuevas. Los dias nublados, al no entrar la luz directa del sol, no se proyectan los colores en la pared. Ellos se dan cuenta y preguntan dónde están, les choca que estando los papeles en los cristales, no aparezcan también los colores en la pared. ACTUALIZACIÓN 2. Como el sol ya está muy alto, ahora los colores se reflejan en el suelo. Ellos lo ven y me preguntan "porqué se han caído".
Mañana es el día del libro y en la guarde lo hemos celebrado a nuestra manera. En primer lugar, he rescatado una actividad que tenía preparada para el día mundial de la poesía, el 21 de marzo, pero en aquel momento no fue posible realizar. Para celebrar ese día, había decidido regalar a cada uno de mis peques un verso, un pequeño pareado de rima asonante. El verso tenía que tener su nombre, y para que lo sintiesen como algo propio y personal, tenía que hacer referencia a alguna característica del niño en ese momento. Después de observarles unos días, esto fue lo que salió:
- A Lucía le gusta escuchar el Ave María. Es cierto, cada día cuando hacemos relajación pide escuchar el Ave María de Shuber.
Marcos y los zancos
- Marcos, quiere aprender a andar con zancos. Esos días lo intentaba con mucho interés, pues le había visto a su hermano como los maneja.
- Samira, delante del espejo se mira y remira. ¿Tendrá algo que ver la profesión de su mamá?
- A Ángel le encanta pintar, saltar, correr, cantar y bailar. Este chico es una polvorilla, pero tiene un sentido del ritmo increíble.
- Valeria, cuando está malita se pone muy seria. Bueno, yo creo que a todos nos pasa, solo que ella últimamente no levanta cabeza...
- Manuela, coge un muñeco y lo envuelve en un trapo de tela. Y le da de comer, y le acuesta, y le pasea...
- Jorge, camina como un oso grande y torpe. Ahora está en esa fase que se conoce como "la marcha del oso".
- Teresa, una cubanita que ahora es leonesa.
Así que hoy imprimí los versos, los pegué en cartulinas de colores, los plastifiqué y se los regalé. Este fue el resultado:
Observando nuestros versos...
Cuando leí su verso a cada uno de los peques, los mayores pedían que se lo repitiera una y otra vez, y otra vez. ¡Qué tendrá el nombre propio, que cuando lo nombro, lo sienten de una forma tan especial!
Y la reacción de Ángel me encantó. Cada vez que se lo leía se ponía a saltar, correr y bailar, y a reírse con unas carcajadas tan contagiosas que terminaba por reírme yo. Y me decía, "happy, happy" . ¡De verdad, que hacía tiempo que no le veía tan contento! Las tarjetas las dejamos colocadas en la pared y cada poco se acercaban y las observaban, no sé qué querrían comprobar…
La segunda actividad consistió en la presentación de Don Quijote a los niños. En esta fecha, es tradicional realizar lecturas colectivas del Quijote en las Bibliotecas públicas de muchas ciudades, y como la tecnología está presente en todos los ámbitos, la última iniciativa al respecto ha sido una lectura colectiva a través del canal Youtube.
Este es Don Quijote
Nosotros hemos sido un poco más modestos, les he leído, más bien narrado, el capítulo en el que D. Quijote ataca a un rebaño de ovejas y después es apaleado por los pastores, porque me pareció el más sencillo de entender para los peques.
Nos hemos detenido reconociendo las características del personaje: es un señor viejo, tiene bigote y barba blancos, usa una armadura, un escudo y una lanza (como Pupi, me ha dicho Marcos), tiene un caballo blanco y un “amigo” que se llama Sancho Panza.
Después hemos observado las ilustraciones del libro, (donde lo que más les ha llamado la atención era un Quijote sangrando por la nariz, "tiene pupa", me decían). Y finalmente hemos dramatizado unos quijotes muy rudimentarios, armados con una pica-lanza y un escudo-tapadera y cantando la cancioncilla que os envié por whatsApp.
Naturalmente, hemos correteado un buen rato por la clase, cabalgando a lomos de imaginarios rocines…¡menuda quijotes estamos hechos!
En la guarde también hemos celebrado la Semana Santa. Pero
lo hemos hecho a toro pasado, después de que los niños han visto ya alguna
procesión. Así se consiguen aprendizajes más significativos, introduciendo
nuevos conceptos sobre aspectos del entorno que ya conocen y les llaman la
atención. Es como un andamiaje, que nos permite ir anclando nuevos
conocimientos sobre los anteriores.
El número tres: grafía y cantidad
Cuando introduzco un nuevo concepto o nuevos objetivos de aprendizaje, procuro
hacerlo a través de algo llamativo. Y los papones han despertado un gran
interés. Por ejemplo, introducir el nº 3 presentando un dibujo con tres
manzanas es menos impactante que presentando un dibujo con tres papones, personajes
que les han resultado fascinantes. Lo mismo sucede con la forma triangular,
estableciendo analogías entre el pico de un capirote y el pico de un triángulo.
Ya antes de que hubieran visto alguna procesión investigué sus ideas previas, coloqué una
imagen de un papón en el tablón de los murales, y les pregunté qué era eso. -No sé, -Una bruja, fueron algunas de
las contestaciones. Es decir, no sabían nada.
A la vuelta de
vacaciones ya respondieron, cada uno según sus propias experiencias y percepciones:
-Un “tapón”
-No tiene
boca
-Hace así (gestos
de tocar el tambor)
-Me hace
miedo
-Tienen pies
-Es Avo
(Alvaro, su hermano)
En el ordenador vimos algunas procesiones
Las actividades realizadas fueron muy variadas. Comenzamos visionando algunos vídeos,
seleccionados específicamente por la utilidad de su contenido. Tumbados en la
alfombra disfrutamos de tres procesiones de las que se hacen por la zona.
El vídeo de La Robla nos sirvió para constatar el paso del día a la noche, pues la procesión comienza siendo de día
y termina ya anochecido. "¿Quien encendió
la luz?" preguntaban. Esto nos dio
pie para cantar "Tuinkel tuinkel littel star".
Bueno, también
sirviópara reírme un rato. Ante la
imagen de la Virgen Dolorosa, Lucía la peque dijo: "Mira, mira, qué fea, no me gusta".Claro, estos peques no
conocen para nada la Historia Sagrada y esa cara doliente les impresionó. Lo
mismo que el Cristo portando la cruz, Lucía venga apreguntar "¿qué le pasa, porqué está
triste, se ha hecho daño?"
Esto me hace pensar en el grado de empatía que
han alcanzado ya para con las emociones de los otros. Y lo curioso es que
Marcos le explicó que le pegaron (a Jesús, se sobreentiende), y Lucía volvía a
preguntar "¿Quién le pegó?" Pero ahí ya
se estancaban la explicaciones.
Después, cada vez que veíamos un Cristo, ya fuera en las procesiones o en las imágenes
de los suplementos de periódicos, Marcos no paraba de decirnos una y otra vez que
a Jesús le pegaron, estaba muy impresionado. Luego supe que lo llevaron a ver
el Viacrucis viviente y le impactó mucho. Claro, ver una agresión a un adulto…creo que hasta a mí misma me impresionaría.
Porque
nosotros sabemos que ese Viacrucis era una escenificación, pero los peques no, para ellos lo que ven es real.
Vimos papones de muchos colores
Otro día vimos la procesión de Santa Lucía y les llamó la
atención que el capillo y la capa no eran rojos. Entonces, en un suplemento del periódico observamos que había papones de muchos colores.
En el vídeo siguiente, al final se ve como
los cofrades marchan hacia atrás y hacia adelante portando la imagen de la Virgen,
lo que también hicimos en clase, como ejercicio excelente para trabajar la lateralidad.
Después organicé les organicé en una "procesión" utilizando el pandero. Como no
teníamos corneta, pues nos inventamos un nuevo instrumento: el
“embudo-corneta”. Algo que parece tan sencillo como ponerse unos detrás
de otros para hacer una marcha, a esta edad es muy difícil. Y otra cosa que
pude constatar es que si no llevaban ningún instrumento eran capaces de marcar
el paso con el pie, pero con algo en la mano no es posible, no se puede atender
a marcar el paso y a sujetar un objeto al mismo tiempo. Habrá que trabajar un
poco más ese aspecto motriz.
Luego, todos los días lo primero que querían era hacer la procesión. Lo que no os podéis ni imaginar es cómo sonaba esta
minicofradía. ¡Si nos llegan a escuchar en la Escuela de Música!
Un nuevo instrumento: la corneta-embudo
Nosotros también procesionamos.
Para tratar de
unificar un poco tanto ruido les asigné unas palabras-sonido para el embudo-corneta (Piiii-pa, piiii-pa, parapiiii-pa) y otras para el pandero (Pon, pon, pon, porrom-pom-pom) y ya la
cosa fue más organizada. Al día siguiente Marcos se presentó con su tambor, y
no le importó compartirlo con los demás. También nos trajo un pequeño papón de
escayola vestido con los colores de esta cofradía. Sospecho que tendría algo que ver con la exposición de maquetas de Semana Santa
que hubo en el colegio y con Carrillo, su autor.
Hablamos de las
partes del traje de los cofrades y la
mamá de Marcos nos dejó el capillo y los guantes de Álvaro, aunque solo se lo
quiso poner él. Yo creo que les daba algo de miedo. También hice con cartulina roja algo parecido a un par de capirotes, estos sí se los pusieron, y es que no
les ocultaban la cara.
También reparamos en
que el capillo es redondo por arriba, como un círculo, pero el capirote termina
en pico, como el triángulo. Para comprobarlo los colocamos sobre los tableros
de las formas y comparamos.
El capillo es como un círculo.
El capirote es como un triángulo.
El vídeo también nos dio pie para trabajar las emociones, en
este caso el miedo. Les pregunté si los papones les daban miedo y me decían que sí. Entonces les comenté que los papones no nos hacen nada, porque
debajo del capirote hay papás, mamás y
niños. Y para cerciorarnos visionamos este otro vídeo, en el que los cofrades
desfilan con la cara descubierta. Lucía dijo que ella sí tenía miedo, pero se
agarraba de la mano de mamá y el miedo se marchaba.
En el taller de expresión plástica pintamos un papón, que
ese mismo día se llevaron a casa, muy entusiasmados. Los más pequeños
simplemente experimentaron mezclando colores rojos y morados.
Nosotros pintamos papones.
Nosotros experimentamos mezclando colores.
También hicimos un taller de música y hablamos de los instrumentos musicales típicos de la
Semana Santa. Aprendimos que para que
suenen en unos hay que soplar y en otros hay que golpear. Después, con los
instrumentos de la caja de música hicimos clasificaciones, a un lado la
percusión (panderos, xilófonos, claves, triángulo), al otro el viento (flautas y
armónicas), y nos pasamos un buen rato aporreándolos y experimentando. Luego, yo tomaba un instrumento, lo hacía
sonar ocultándolo y ellos tenían que adivinar cuál era.
Instrumentos de viento y de percusión.
En fin, dos semanas repletas de "experiencias místicas”. Para que la vivencia hubiera sido total nos faltaron unas torrijas... pero bueno, otra vez será. Lucía Antolín.
Las rutinas diarias tienen una gran influencia en la
estabilidad psíquica del niño, la sucesión de actividades le ayudan a
interiorizar y estructurar el tiempo, y
le dan seguridad al ser capaz de anticipar lo que va a hacer después. Sería el
equivalente al horario escolar de ciclos educativos superiores. En este ENLACEencontraréis
información muy completa e interesante del valor de las rutinas, tanto en la vida
familiar como en el centro infantil o en el colegio.
En nuestra guardería la actividad escolar propiamente dicha
comienza cuando ya todos los peques se han incorporado. Ya sabéis que la hora
límite son las diez menos cinco. Las actividades que se realizan de forma rutinaria, por este orden
son:
·Recogida de juguetes, con la canción “recoger,
colocar”
·Hacemos el tren para los desplazamientos.
·Hora del baño.
·Actividad en el aula:
-El tiempo atmosférico.
-Asamblea. Saludos y canciones.
-Bits de inteligencia.
-Iniciación al inglés.
-Actividades específicas del centro de interés.
-Juego libre en los rincones.
-Toma de media mañana.
Hace unos días os mostré como una de esas rutinas, la toma
de media mañana, se convertía en una situación altamente pedagógica (Pincha aquí). Hoy os
enseñaré otra de las rutinas con las que comenzamos la mañana: el tiempo
atmosférico.
Al llegar al aula miramos por la ventana para observar el
tiempo que hace en la calle: si llueve, si hay nubes, si se ve el sol, si creen
que hace calor o frío, porqué creen
ellos que la gente lleva paraguas o chaqueta, etc. Yo les explico que hace sol porque es tiempo
de primavera, hay nubes y lluvia porque es tiempo de otoño, hay nieve porque es
tiempo de invierno...
Bueno, si alguien nos
escuchara se reiría de nosotros, porque algunas veces ha sucedido que hoy “es
primavera” porque hay sol, y mañana
invierno u otoño otra vez, porque está nublado y lloviendo, y al día siguiente de nuevo primavera. Pero lo importante no es si realmente estamos
en esa estación o no, lo que importa es aprender a asociar unas características
meteorológicas y del espacio natural con una estación determinada y a ponerle
nombre. A ello contribuye también un
rincón específico que siempre hay en el aula, un rincón que va cambiando a medida
que cambian las estaciones y en el que materializamos los cambios de la
naturaleza: ha sido el rincón del otoño,
del invierno y pronto será de primavera.
Después de observar el tiempo que hace en el exterior tienen que elegir
un pictograma equivalente a la climatología que han observado, y el responsable de ese
día lo coloca en el calendario semanal.
Yo verbalizo: Hoy es día lunes, y hace tiempo de primavera. (Lucía
contesta “y salimos al patio”. Ella ya asocia el buen tiempo con una nueva
rutina). Colocar el pictograma en el calendario nos lleva a cantar la canción de los días de la semana,
que podéis escuchar en este vídeo:
Finalmente dependiendo del tiempo que hace, le
cambiamos la ropa a Miguelito y Rosa. De
esta forma empiezan a tomar conciencia de los cambios en la vestimenta según haya cambiado el tiempo, y aprenden también a cuidarse: abrigarse si
hace frío o a protegerse del sol.