martes, 2 de febrero de 2016

El color amarillo.

Cuando comienza un nuevo trimestre, también se plantean nuevos objetivos educativos en cada una de las áreas del Currículo, pero antes es preciso revisar si todos los alumnos han alcanzado los objetivos educativos del trimestre anterior. Bueno, pues repasando y actualizando anteriores aprendizajes hemos detectado que uno de los peques no acaba de reconocer el color amarillo y tiene alguna dificultad con las clasificaciones.  

Echando la vista atrás nos hemos dado cuenta de que esta circunstancia individual pasaba desapercibida en medio de la actividad grupal. Y es que, a veces sucede que los peques realizan una tarea mirando cómo la hacen sus compañeros, imitándoles, pero sin interiorizarla y sin apropiarse de los aprendizajes que esa actividad lleva implícita.

Y aunque el resto del grupo-clase ya domina este concepto hemos decidido volver sobre ello. No podemos seguir avanzando en la programación mientras haya al menos un niño que no haya alcanzado alguno de los objetivos propuestos, así que volvimos a trabajar sobre el color amarillo y las clasificaciones simples.

Primero fue un taller de pintura, en el que con témpera pintaron unas hueveras. Se trataba de crear algo “útil”, no solo pintar por el gozo que les produce manejar el color y las brochas (que no es poco), sino empezar a tomar conciencia de que son capaces de crear cosas que sirven para algo. 

Cuando hay taller de pintura ellos cantan, conversan, se ríen, se entafarran, disfrutan…y en casa, a las mamás les toca frotar el baby a mano.

 
Amarillo como...


Y, al terminar, como siempre, la parte más divertida fue limpiar las mesas y las brochas y lavarnos las manos. ¡Qué asombro les produce a estos chiquillos comprobar cómo el agua del lavabo se va tiñendo de color!
Al día siguiente esas hueveras amarillas nos sirvieron para clasificar bolas de color amarillo. 

Hasta ese momento, al clasificar utilizábamos objetos de diversas formas y colores. Es decir, en una bandeja se presentaban objetos múltiples de los que había que seleccionar los que fueran de color amarillo. En realidad esto supone trabajar al mismo tiempo con unas cuantas variables como la forma, el tamaño, el color o la textura. Es un nivel bastante avanzado, pero en su momento, cuando empezamos a clasificar lo hicimos trabajando solo con una variable.


Clasificar por color, pero lo objetos son todos diferentes.



Sin embargo, cuando vemos que a alguno de los peques se le hace difícil, o no avanza, es preciso retroceder al inicio (en este y en cualquier otro tema), para tratar de averiguar en qué momento empezaron las dificultades. En este caso, hubimos de volver a clasificar objetos que reúnen una sola característica, esta vez el color amarillo (Mientras las demás variables, el tamaño, la forma, y la textura son iguales para todos los elementos). Repetimos varios días la actividad de las hueveras y finalmente pudimos comprobar cómo este peque lograba avanzar en la distinción de los colores.



Los objetos son iguales, solo cambia el color



Debo decir que lo que de verdad me maravilló fue la actitud de los peques, que, cuando ella se confundía, los que estaban a su lado le decían "así no, así no es”. Y le indicaban la forma correcta de hacerlo. 
Siguiendo a Vigotsky (Zona de Desarrollo Próximo), creo que estas pequeñas correcciones son más trascendentes para el aprendizaje que si las hiciéramos los adultos. Y ello por dos motivos: primero porque el niño que corrige a otro afianza su conocimiento, segundo porque el niño que es corregido lo recibe con naturalidad, desde la paridad de un igual, no desde la relación de superioridad de un adulto.

De hecho, hemos cambiado el sitio en la mesa de algunos peques que van más avanzados y les hemos colocado junto a aquellos que les cuesta más seguir el ritmo. Creo que a través de esa interacción y pequeña conversación que se genera, ese mini scafolding, la adquisición de conocimiento resulta más motivadora, afectiva y efectiva.



¡Que se hace así!

En este segundo trimestre también trabajaremos con más intensidad la motricidad fina, al objeto de que al final de curso sean capaces de sujetar correctamente un lápiz y hacer sus primeros trazos. Dos de las tareas al respecto, que ya hemos realizado varias veces, han sido rasgar papel y hacer pellizquitos de plastilina.

Rasgar papel. Patronizando 



Rasgar papel es muy difícil, pues supone coger el papel con la pinza superior de ambas manos y tirar en sentido contrario. Ha sido preciso patronizar el movimiento para que llegaran a interiorizarlo. Porque lo peor que puede pasar a esta edad es plantear nuevas actividades y dejar que las realicen solos, simplemente mirando cómo lo hacemos nosotros y escuchando nuestras indicaciones. Ante las primeras dificultades ya dicen “no puedo”, y hay que sacarles de su zona de confort y animarles a intentar nuevos retos. 
Por eso, hay que sentarse junto a ellos y uno a uno, enseñarles cómo se hace, sujetando sus deditos, patronizando el movimiento, hasta que lo consiguen. Y, por supuesto, elogiar el “enorme esfuerzo realizado” y la “enorme cantidad de papelitos rasgados”.

Después, entre risas, soplamos los papelitos hasta sembrar el suelo, (“mira, mira cómo volan”) y luego los barremos y dejamos todo limpio.

Hacer pellizquitos con la plastilina también supone usar la pinza superior. En este caso planteamos una tarea colectiva: crear un camino (una fila) de pellizquitos de plasti. 
Cada niño trabaja con un pegote de color diferente al de los compañeros. Con esto se consigue que el esfuerzo de cada uno de los peques no quede diluido en el resultado colectivo, pues cada peque puede identificar fácilmente el producto de su propio trabajo, comprobando, además, que su tarea contribuye a conseguir el objetivo común, hacer una fila de plastilina. De esta forma se potencia el trabajo cooperativo desde pequeños.



Yo de color verde...


...y yo de azul. 



Ya sé que esto supone tener un montón de plastilinas de diferentes colores, pero si queremos hacer las cosas bien tenemos que disponer de una gran cantidad y variedad de materiales.

En fin, seguiremos informando.


Lucía Antolín.

4 comentarios:

  1. Bravo, Lucía. Es una delicia leer cómo logras que los peques alcancen los objetivos. Gracias por compartirlo. Besos,
    Tania.

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    1. Gracias, Tania.
      La red y sobre todo los blogs educativos se han convertido en una forma más de ampliar conocimientos para los educadores, no tanto conocimiento teórico como conocimiento práctico. Quienes mantenemos este tipo de blogs somos agentes educativos con un protagonismo bidireccional:
      Como receptores del saber didáctico y práctico de otros compañeros de profesión, y, a la vez, como co-constructores de ese conocimiento, al ofrecer a otros nuestra experiencia y saber hacer.

      Por eso comparto de forma tan explícita las actividades que realizo en el aula, por si a otros pudieren resultar de interés para su práctica docente.

      Un abrazo.

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  2. HOLA LUCÍA!! me encanta ver como a través de la evaluación, observas si se alcanzan los objetivos previstos en la programación. Y como de colores va la cosa... te dejo un juego rapidísimo que seguro que les gusta a los peques.
    NOS SENTAREMOS TODOS EN CORRO, Y JUGAREMOS A DECIR COMIDAS QUE TENGAS COLOR VERDE, LUEGO COSAS QUE TENEMOS EN EL BAÑO DE COLOR BLANCO.. ASÍ AFIANZAN CONOCIMIENTOS Y TAMBIÉN TRABAJAN LA MEMORIA.
    :)
    UN SALUDO Y UN BESO ENORME !!

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  3. Gracias Anabel por tu comentario. Intentaré poner en práctica el juego, parece muy sencillo.

    Un abrazo,
    Lucía

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