viernes, 16 de septiembre de 2016

¡ Hasta luego !


Varias personas, seguidoras habituales del blog me han preguntado porqué no he seguido escribiendo, pues aún quedaron algunos centros de interés por subir.



domingo, 5 de junio de 2016

Proyecto: Los alimentos III


Esta es la tercera parte del centro de interés dedicado a aprender sobre los alimentos, y aunque hace ya bastantes días que realizamos estas actividades no quería dejar de reflejarlas.

En las anteriores os conté los talleres de zumos y de pizzas como recursos para trabajar diferentes aspectos matemáticos. Ahora realizamos otra actividad muy motivadora para practicar el conteo, organizamos una frutería en el rincón del juego simbólico. Los peques tenían que comprar fruta nombrándola. Nada de decir “quiero eso”, sino “quiero un plátano, o una piña, o una zanahoria...” Casi todos se sabían los nombres de las frutas principales. Pero algunos tenían dificultad para pronunciarlas. Así que hicimos ejercicios de segmentación silábica con los nombres de las frutas, para reforzar la pronunciación correcta  e ir iniciándoles en la conciencia fonológica.



video


miércoles, 18 de mayo de 2016

Proyecto: Los alimentos II. Disoluciones y mezclas

Dentro del centro de interés dedicado a los alimentos también hubo momentos para la experimentación de carácter científico.

Dice Silvia Vega en la presentación de su libro “0-3, Laboratorio de ciencias en la Escuela Infantil” que junto a la curiosidad, auténtico motor del niño, si se da una motivación adecuada que sirva de dirección, los niños serán capaces de iniciar un viaje experimental hacia una dimensión desconocida. 

Y eso es lo que he pretendido con la realización de dos talleres de tipo científico: uno de disoluciones y otro de mezclas. Y digo científico porque la observación, la experimentación, la investigación y la deducción son procedimientos que los peques han tenido que poner en escena para realizar estos talleres.

Taller de disoluciones. Con azúcar y sal gorda. O quizá debería decir taller de sabores. 




sábado, 14 de mayo de 2016

Proyecto: Los alimentos I

Como este tema es muy largo, lo iré subiendo por partes, para que no resulte muy pesado de leer. Casi cuatro semanas hemos dedicado a aprender sobre los alimentos, y he tratado de que fuera un aprendizaje sobre todo experimental y multisensorial. Lo dijo Arisóteles, “Nada se queda en el cerebro que no haya pasado antes por los sentidos”.

Comenzamos, como siempre, con el mural que introduce cada nuevo tema. Esta vez refleja una familia comiendo, lo que nos da pie para hablar de los alimentos que vemos, lo que le gusta comer a cada uno, el comportamiento en la mesa, los hábitos de autonomía, etc. Estas ideas se reforzarán más tarde a través de los cuentos. 


                         
Hábitos de autonomía entorno a los alimentos y las comidas

miércoles, 4 de mayo de 2016

Quijote y Sancho


Dada la proximidad de fechas, en esta entrada voy a reflejar las actividades realizadas estas dos semanas pasadas, dedicadas al Día del Libro y al Día de la Madre.

Todos sabéis que este año se celebra el cuatrocientos aniversario de la muerte de Cervantes. Por eso dedicamos una semana a rendir nuestro pequeño homenaje al autor español más reconocido y conocido a nivel mundial, y a su obra más leída y traducida, El Quijote. 



Los dos primeros días de la semana los dedicamos a conocer a los  personajes principales. Naturalmente que no narramos la obra completa, sino que nos centramos en el episodio de los molinos de viento. 


jueves, 7 de abril de 2016

miércoles, 30 de marzo de 2016

La casita de chocolate

De nuevo el cuento "La casita de chocolate" fue protagonista del centro de interés dedicado a conocer la casa, sus dependencias, las actividades que en ella realizamos y la relación con el día y la noche, la grafía y cantidad asociadas el número dos, etc.
El cuento es este, aunque la grabación es del curso pasado el contenido es el mismo y la forma de contarlo tampoco ha cambiado mucho:








Al narrarlo insisto de forma especial en resaltar las emociones, que se hacen tangibles en cada una de las escenas que se van sucediendo en la narración. (Estas láminas corresponden al método Cuentoaventura de la desaparecida Editorial Everest).

Lo narramos prácticamente todos los días. Y todos los días los peques vuelven a sentir con Hansel y Gretel la felicidad de saberse queridos, ponderados y protegidos por sus padres, unos sentimientos que les proporcionan la seguridad, autoconfianza y autonomía suficientes para salir a explorar el mundo. Un mundo que resulta ser hostil, en el que se sienten perdidos, desamparados, con miedo, sin referentes. 

Sin embargo, la confianza en sí mismos y en sus propias posibilidades les llevan a burlar a la bruja, a resolver la situación con ingenio y valentía, para situarse de nuevo en el camino de la felicidad. Para volver a empezar. Para entrar en una espiral de autocombustión que potencie un crecimiento emocional saludable, retroalimentándose en unos éxitos para conseguir alcanzar otros. 

También cada día cantamos y bailamos una canción que habla de la familia y las actividades que los peques realizan en sus casas. Cantar y bailar, libremente, sin imposición, por el placer de disfrutar. Magnífica forma de empezar el día. Y después seguirá fluyendo la mañana, las actividades programadas, las rutinas, el juego libre. La canción es esta:




A través del mural pudimos reconocer y diferenciar las distintas dependencias de la casa y las actividades que en ellas realizamos. Aquí pudimos repasar algunos hábitos de autonomía personal, como ir solo al baño ( “Y yo hago pis de pie”, apunta uno de los peques, proclamando el hecho como una importante conquista personal), hábitos como lavarse y secarse las manos, como recoger nuestros juguetes o colgar nuestra chaqueta…
—Es que mi percha está muy alta— nos explica otro, no sé muy bien si justificando que en su casa no lo hace o protestando porque no puede hacerlo.
—Yo le diré a mamá que te coloque la percha a tu alcance — le prometo. Y él asiente ufano, sabiéndose perfectamente capaz de hacerlo, porque ya es mayor, porque en la guarde ya lo hace a diario. 



Las habitaciones de la casa y las actividades que en ellas realizamos


También “les echo un sermón” sobre algunas actividades que ellos no pueden, mejor dicho, no deberían hacer, por el peligro que suponen: si nos subimos a las estanterías para coger objetos altos nos podemos caer, si tocamos o manipulamos la cocina o el horno podemos quemarnos, si utilizamos cuchillos o tijeras podemos cortarnos…
—Yo no, yo “codto” el filete y no me “codto” con el cuchillo.—Siempre hay algún valiente que va más allá, que ya ha superado esta fase, que se erige como modelo a seguir, que provoca la admiración de los demás.
—Y yo tampoco—por supuesto, nadie quiere quedarse atrás.

Uno de los últimos días, a modo de evaluación, les organicé por parejas y a cada pareja le dí una lámina, correspondiente a una de las cuatro estancias principales. Les dije que tenían que observar y hablar con su compañero de lo que veían.
Las láminas están diseñadas para recoger algunos de los conceptos que trabajamos en ese eje temático: encima- debajo, dentro-fuera, la cantidad dos, etc., pero lo que realmente comentaron fueron aspectos inherentes a su propia actividad en el hogar. De sus comentarios pude deducir que habían interiorizado bien mis recomendaciones encaminadas a prevenir accidentes domésticos:
—Mira, no toques, que está encendida—decía uno señalando un fuego de la cocina pintado de rojo.
—Y sale agua del grifo.
—Hay una comida caliente.
—No se puede tocar, porque te quemas.

—Mira, encima del armario hay dos pelotas. Pero están muy altas. Y yo no puedo subir.
—Sí, hay muchas.
—No, muchas no, hay dos—y colocaba sus deditos para enseñarle a su compañera cuantos son dos. Y como ella no acertaba a ordenar los suyos, él, paciente y amoroso, le ayudaba a colocárselos. "Así, dos, ves, dos". ¡Qué deliciosos estos momentos en los que el egocentrismo empieza a declinar y el compañerismo comienza a hacerse presente presente de manera natural!


No toques, que está encendida...
Así, ¿ves?, estos son dos.

Una de las actividades que más les sorprendió y gustó fue observar las imágenes de sus casas en el ordenador. Previamente había pedido a las familias que me enviaran al whasapp las fotos de los rincones más personales de los peques: su dormitorio, su sofá, su zona de juegos… las pasé al ordenador y se las iba mostrando pero sin decir a quien pertenecían. Sin embargo, ellos, arremolinados entorno a la pantalla, enseguida reconocían su propia casa. "¿Porqué está ahí mi casa?", preguntaban algunos. Buena pregunta.


Con este tema inauguramos una nueva sección, para trabajar el pensamiento lógico, las adivinanzas:

  • ¿Qué es una cosa que sirve para comer y tiene pinchos? 
  • ¿Que es una cosa que sirve para limpiar el suelo y tiene mango largo? (Yo estaba pensando en la escoba, pero ellos me dijeron la fregona, ¡Claro! como funciona con agua es más atractiva) 
  • ¿La servilleta sirve para barrer? 
  • ¿La cama es para bañarse?

¡Qué tonterías! podeis pensar los adultos que estáis leyendo. Pero a los peques estas preguntas les obligan a centrar el pensamiento para elaborar una respuesta. Lo curioso es que algunas y algunos ya, además de decir si o no, completan la respuesta de forma correcta.
—Nooo. La cama es para dormir.
—Nooo, la servilleta es para limpiarse los morros.

También hablamos del día y la noche, asociándolos con el sol y la luna, la luz y la oscuridad, y tratamos de establecer diferencias entre las actividades que hacemos durante el día y durante la noche, y los espacios en que las realizamos. La conclusión generalizada fue que por la noche hay que bañarse y dormir.
—Y leer un cuento—añadió otro.
Asociada a esta diferenciación había programado la recreación del cuadro "La noche estrellada", de V. Vangogh, pero al final no fue posible hacerla. Bueno, ahí queda de reserva, para otro centro de interés.

Otro día hicimos discriminación auditiva y reconocimos sonidos propios de una casa: el timbre de la puerta, los platos, el grifo abierto, el teléfono, la cisterna, etc. 

Y aprendimos el nombre de los muebles de la casa a través del mural y las láminas, y luego reforzamos con diferentes juegos, uno mágnético, con figuras removibles de los diferentes enseres, que los peques tenían que ir nombrando así como el espacio de la casa en el que debían colocarlo. El otro juego que también les gustó mucho fue la casita de madera, en la que colocaban a su manera los muñecos y los diferentes muebles de juguete. Algunos niños jugaban mezclándolos todos, pero otros eran capaces de diferenciar los ambientes y recrear escenas propias de cada estancia.


Yo coloco las pegatinas en su sitio
Yo siento a los papás  a ver la tele y acuesto a la niña 



La inteligencia matemática la trabajamos de forma específica con varias actividades:  el reconocimiento de la grafía y cantidad del número dos (recordad que la bruja del cuento ofrece a los niños dos caramelos).
La grafía la observaron e identificaron repasando el número con pintura de dedos, aunque para ellos lo de menos yo creo que era el número en sí, lo importante era manejar la pintura, impregnar los dedos, sentir la textura, ver surgir el color sobre el papel...


Este es el número dos

Y en cuanto al manejo de la cantidad, la actividad consistió en repartir caramelos. Lo explico mejor:
En una mesa, A, coloqué un bol con caramelos y en otra mesa, B, situé las figuras de Hansel y Gretel. La consigna era que había que darle un caramelo, solo uno, a cada personaje.
Las situaciones que se dieron fueron variadas, pero todos ellos resolvieron de forma correcta el problema. Esto fue lo que sucedió:


Algunos niños cogieron del bol de la mesa A los dos caramelos, es decir, los contaron, se fueron con ellos a la otra mesa y le repartieron uno a cada personaje. Estos peques ya menejan la noción de dos como cantidad y saben contar los elementos necesarios.     
                                                                                                                                 
    Cuento dos caramelos...



    ...y los reparto.
                                                                                 

Hubo niños que cogieron varios caramelos de la mesa A, se acercaron a los personajes de la mesa B, les repartieron uno a cada uno y los que sobraron los volvieron al bol de la mesa A.                                                                                                                                       
Pues a mí me sobra uno


Otra niña cogió un caramelo de la mesa A, se lo llevó a Hansel (mesa B), volvió a la mesa A, cogió otro caramelo y regresó a la mesa B y se lo colocó a Gretel.


Finalmente hubo una chiquilla que directamente cogió el bol de la mesa A con todos los caramelos, se trasladó con él hasta la mesa B, le repartió un caramelo a cada personaje y devolvió el bol a la primera mesa.

Yo me llevé el bol de los caramelos...

repartí uno a cada uno y lo devolví  a su sitio




Esta experiencia sirve para demostrar que un mismo problema puede ser solucionado correctamente de diversas formas. Me fascinaron con sus formas de resolver la situación. 


Otra actividad de lógica matemática consiste en poner la mesa. Sobre la mesa se colocan  tres platos de diferentes colores y en una caja están los vasos y los cubiertos. Hay que conseguir poner la mesa asociando cada elemento con el plato correspondiente. No todos lo consiguen (Hay que tener en cuenta que en el aula los niños casi se llevan un año de diferencia, unos nacidos a principios de año y otros a finales, lo que supone un nivel y ritmo madurativo diferente).
Y lo más curioso es que colocan el cubierto a un lado del plato y la cuchara y cuchillo al otro lado. Tienen sentido del orden y la armonía.













                                                   


Ya había comentado que a partir del segundo trimestre trabajaríamos de forma más específica la motricidad fina y la grafomotricidad. Para ello hicimos actividades de picado con el punzón y de trazo en la pizarra y en papel.


El punzón ya lo habían utilizado libremente en otras ocasiones, y esta semana les enseñé a picar siguiendo un trazo. Culminamos la práctica de esta destreza realizando una actividad muy motivadora para ellos, haciendo una televisión de papel. 
Les enseñe una ya realizada y se entusiasmaron. Picaron siguiendo las líneas para poder “encender la tele”, pero al terminar y levantar la ventanita de la pantalla..¡Oh, oh!, “no se ve nada, está estropeada”, protestaron ellos. "Bueno, nosotras lo arreglamos, id a jugar en los rincones que nosotras arreglamos las teles". 
Y así fue, mientras ellos jugaban Vane y yo recortamos piezas de celofán azul y personajes de sus dibujos favoritos y lo pegamos por detrás. ¡Vaya ilusión que les hizo! Se fueron para casa con su tele tan contentos como si hubiera sido una de verdad.

Mi tele está apagada.
Ya la encendí!!

Bueno, menos uno de los peques, que esos días estaba un poco así, marcando territorio, y decidió que nos plantaba cara y no hacía la tele. Cuando un chiquillo no quiere realizar una tarea no le obligamos, nuestra misión es presentar cada actividad de la forma más atractiva posible, para que todos se sientan motivados para hacerla. Pero a veces, hay niños con personalidades muy fuertes que quieren ir por libre y hay que respetarlo, claro, siempre que sus conductas no sean demasiado disruptivas. Al final, nuestro pequeño protagonista yo creo que se quedó con pena de haber roto su papel y no poder llevar a mamá un trabajo como el de los demás. Realmente aprendió la consecuencia natural de una acción libremente elegida, porque los días siguientes decía “ya no lo rompo, ya no lo rompo”


Otra de las novedades de esta semana es la introducción del trazo horizontal (hasta ahora habíamos trabajado el vertical). Para trabajar los trazos (rayas) seguimos un orden: Primero los repasamos en las plantillas acanaladas de la pared, una vez que hemos adquirido el sentido y direccionalidad del trazo pasamos a hacerlos en la pizarra (aquí aún se moviliza todo el brazo partiendo del hombro) y por último pasamos al papel. De forma progresiva irán segmentando el movimiento, pasando de movilizar el antebrazo a partir del codo a movilizar solo la mano a partir de la muñeca. Pero de forma progresiva, he dicho. Y cada uno siguiendo su ritmo personal.



Trazo horizonal  en la pizarra
Y en el papel.


Otro de los aspectos educados fue la inteligencia visoespacial, bien resolviendo puzles con las imágenes de Hansel y Gretel, bien construyendo casas para refugiarnos con los bloques de foam de la sala de psicomotricidad, bien creando casitas con elementos de espuma blanca plastificada.




Como colofón de este centro de interés, hicimos un taller de repostería, montamos nuestra propia casita de chocolate. Por cierto, comento, por si alguien tiene la misma idea, que en un principio comenzamos a hacerlo con la casita de galleta de Ikea, que aparentemente es muy bonita, pero fue imposible armarla porque las piezas se rompían. Así que tuve que optar por hacerla de bizcocho bañado en chocolate. Para el tejado utilizé bizcochos de soletilla, y para las ventanas chucherías.

Esto requiere mucha atención
¿Estará la bruja ahí dentro?
















¡Cómo gozaron los peques echando el chocolate por encima! Cada cual hizo su parte. Y, mientras, por todos los lados aparecían dedos haciendo viajes apresurados desde el tejado de la casita a la boca. Cuando estuvo terminada la miraban y remiraban, y algunos escudriñaban las ventanas para tratar de ver si dentro estaba la bruja. Pero cuando realmente disfrutaron un montón fue a la hora de degustarla. 

Sobre todo porque de repente apareció un personaje que les dejó boquiabiertos. ¡La bruja!

 



¡Ja, ja,ja! Más de uno se escondió debajo de la mesa, no fuera a suceder que como nos estábamos comiendo su casita...

Lucía Antolín.


domingo, 13 de marzo de 2016

Cubitos de colores

Ya os comenté anteriormente que el centro de interés del invierno, programado desde principios de curso, no se realiza hasta que en el entorno hay signos bien visibles que muestran a los peques esa realidad. Por eso en cuanto bajaron las temperaturas y cayó la primera nevada, ya era el momento de abordarlo. 




En la entrada anterior ya describí las actividades realizadas (pincha aquí para verlo), y quedé en dar una explicación más detallada de la actividad “Cubitos de colores”. 

lunes, 7 de marzo de 2016

El invierno

A la semana siguiente de navidad, pasé por delante de una guardería y vi las cristaleras decoradas con motivos invernales: copos de nieve, muñecos, casitas nevadas. La estética desde luego era muy agradable, pero, me pregunto si toda esta decoración realmente puede trasmitir a los peques la idea del invierno. Sinceramente, creo que no.

En muchos centros infantiles abordan la nueva estación sin que en el ambiente haya cambios visibles, tanto en la meteorología como en el paisaje natural. Ya dije en la entada anterior que en nuestro centro pareciera que vamos retrasados con respecto al calendario a la hora de “estudiar” los diferentes temas, y expliqué el porqué. 

Por eso, el tema del invierno, aunque programado con suficiente anterioridad, no lo ponemos en marcha hasta que no nieva. Y por fin, después de que nuestros peques hubieran presentido la nieve, la dama blanca, hermosa y fría, una noche de invierno se dedicó a cubrir todo con suaves y delicados copos.



Invierno en nuestro bosque

domingo, 28 de febrero de 2016

Carnaval de ilusión.


El fin de semana de carnaval, me encontré con una compañera de profesión, y, al amor de un café, conversamos sobre diferentes aspectos de nuestro trabajo. Me comentó las actividades que ella había realizado en su Escuela Infantil relacionadas con el carnaval: pintar antifaces, pegar gomets en láminas de un payaso, una fiesta en la que los peques iban disfrazados de casa…Le pregunté qué objetivos estaban trabajando y me dijo que bueno, que ella iba planteando actividades relacionadas pero sin objetivos concretos, solo experimentar y disfrutar con la actividad. Esto en sí ya es una excelente motivación, pero creo que, además, se puede aprovechar para introducir otros objetivos pedagógicos. Al menos así lo hacemos en nuestro centro infantil. 







martes, 16 de febrero de 2016

Garabateando emociones

El pasado miércoles, miércoles de ceniza, con la retina de los peques aún poblada de payasos, hadas, animales y toda la retahíla de personajes carnavalescos, decidimos sacar unos cofres con elementos para disfrazarse y dejarlos en el suelo, delante del espejo, de forma que los niños pudieran manipularlos libremente. Algunas mamás nos habían comentado que los peques no habían querido disfrazarse, y no me extraña. (Si pincháis aquí encontraréis un articulo muy interesante que explica el porqué). Pero yo quería observar qué sucede si en lugar de medio-engañarles-obligarles a ponerse un disfraz simplemente les dejamos hacer.

Y así, para nuestra sorpresa, comenzaron a ponerse cosas, combinándolas como mejor les parecía, según sus propias ideas e intereses, aunque no tuvieran mucho sentido: un pollito con túnica de payaso, un parche de pirata con una capa de Caperucita, una peluca de payaso con unas alas de mariposa...


Un pollito con blusa de payaso...
...y un pirata con capa de Caperucita

Uno de los peques eligió un garfio y un catalejo de pirata y estuvo jugando con ello durante un buen rato, imaginando un mar de olas, un barco con “cuedas” (cuerdas), y unos cuantos piratas, y cantando la canción de Patapalo. 

Aquí el pirata Patapalo

Cuando se cansaron de mirarse y remirarse unos a otros, y de contemplarse en el espejo, pidieron bailar la canción del Carnaval (esa que os envié a los papás por whaspp), y la bailamos dos o tres veces. Luego, la actividad fue perdiendo interés y poco a poco se fueron quitando los atavíos carnavaleros y pasaron a jugar a otros rincones.

Al día siguiente la mañana comenzó de igual forma, con los cofres abiertos y los peques eligiendo libremente los elementos que más les entusiasman para jugar a ser Caperucita, El Pollo Pepe, un payaso, La castañera…, o vete tú a saber quién.

Pero sucedió que el chiquillo que había sido pirata el día anterior quiso volver a serlo ese día también y, por tanto, tener en su poder el garfio y el catalejo. Y cuando vio esos objetos en manos de otro compañero, furioso, intentó arrebatárselos mientras le chillaba lloroso “es mio, es mio”. Entonces me coloqué a su altura y le expliqué que los juguetes de la guardería son de todos, y que ahora no podía tenerlos él porque primero los había cogido su amiguito, que tendría que esperarse un poco. 

Al no conseguir lo que quería gruesos lagrimones comenzaron a rodar por sus mejillas, su llanto se volvió compulsivo, y, presa de una tremenda y descontrolada explosión emocional, se tiró sobre la alfombra y pataleando escondió la cabeza entre sus bracitos mientras seguía gritando “es mio, es mio, es mio”.


Me senté en el suelo junto a él e intenté hablarle, pero me rechazó. Seguí sentada a su lado y al cabo de unos minutos volví a hablarle de forma serena, sin alzar la voz, con suavidad. Ahora ya me aceptó a su lado, aunque sin mirarme:
– Estás muy enfadado, ¿verdad?
– Síii, “poque” yo “quedía” eso. (Porque yo quería eso)
– Ya lo entiendo, tú lo querías ahora mismo, y al no poder tenerlo te sientes muy mal.
– Síii, “poque” yo lo “quedía”
– Y te sientes tan mal que te has puesto muy furioso.
– Síii, “poque” yo lo “quedía”
– Claro, y tan furioso y tan enfadado estás que no sabes qué hacer y te has tirado al suelo. Lo entiendo. Pero yo no sé si estás solo un poco furioso o un poco mucho, así que vamos a hacer una cosa, coge este lapicero y enséñame cómo es de grande tu enfado.

Cogió el lápiz entre sus deditos y garabateó con fuerza sobre un folio, tanto que se salía de la hoja y pintarrajeaba la mesa. Yo le dejé hacer y comenté:
– Caramba, este es un enfado muy grande, pero que muy grande. Es un enfado enorme. ¿Quieres seguir dibujando tu enfado?
– Sí – Y coloqué delante de él otro folio, que igualmente llenó de garabatos, aunque esta vez sin tanto furor.


El garabateo (el enfado), va perdiendo fuerza

Cuando le puse delante una tercera hoja para que siguiera garabateando me miró y me dijo:
– No quiero más, ya no estoy enfadado
– ¿De verdad?– Le pregunté – ¿De verdad de la buena?
Y él me miraba sonriendo, con una sonrisa de esas que te indican que la tormenta ha pasado.
– ¿Ahora qué hacemos con tu enfado, lo rompemos y lo echamos a la papelera?
– Sí, yo lo “dompo”.

Mano a mano, entre los dos rompimos los papeles en pedacitos muy pequeños y los tiramos.
– ¿Sabes? – le dije agachándome a su altura y mirándole a los ojos. – Me estoy dando cuenta de que sabes hacer algo muy importante, sabes calmarte tú solo, ¿te has dado cuenta de que ya te has calmado?
– Sí, vamos a decírselo a Vane.

Esta técnica para controlar su enojo ya la he utilizado más veces, por los buenos resultados que da. Al final de esta entrada (Pincha aquí) explico los pasos que hay que dar para enseñar a los peques a regularse emocionalmente. Es muy importante hacerles conscientes de que ellos sí son capaces de calmarse, aunque no hayan conseguido su capricho. Y es más importante todavía que la pongáis en práctica en casa cada vez que en un niño se desbordan las emociones.

Ese día, noté cómo mi peque se henchía de orgullo al comprenderlo y quiso hacer partícipe de ese hecho a los demás. Pues claro que se lo contamos a Vane, la otra educadora, que también le reconoció lo importante que es aprender a tranquilizarse.

Y él, tan orgulloso.


Lucía Antolín

viernes, 12 de febrero de 2016

"Están de nieve"


Hoy los peques han estado raros. No estaban cansados como otros viernes, ni protestones ni guerreros, estaban…raros. Mimosos, sensibles, llorosos. Creo que, en lo que va de curso, es el día que más carantoñas, besos y abrazos hemos repartido. Cogíamos a uno en el regazo y se acercaban otros dos: “y a mí también, y a mí también”. Y se nos metían entre las piernas para acotar un espacio para ellos, queriendo sentirse así destinatarios únicos de nuestros arrumacos. He terminado meciendo a Valeria mientras le cantaba la nana de cuando era bebé: “Pajarito que cantas en la laguna, no despiertes al niño que está en la cuna.."

Hoy tocaba jugar con los balones: chutar, lanzar, pasar, encestar… pero se tropezaban unos con otros a lo tonto y hubo que aplicar más de una ración de Arnidol.
“¿Pero qué les pasa hoy?”, nos preguntábamos. Al final hemos decidido aparcar las actividades programadas y dejar fluir la mañana, siguiendo sus ritmos, siguiendo al niño.

En el baño fue más de lo mismo, se resistían a bajarse el pantalón, a cantar la canción para lavarse las manos, porfiaban por sentarse dos en el mismo sitio... Ni siquiera chapotearon en el lavabo como otros días.
– No quiero hacer pis – lloriqueaba Israel.
– Ya lo sé tesoro, solo te siento en el váter un poquito, pero si no quieres no hagas pis.
– Que no, que no – seguía gimoteando, a medias entre la protesta y el no sé qué es lo que quiero.


Entonces Claudia, la más pequeña del grupo, con su escaso año y medio, se le acercó y se puso a acariciarle. Estas muestras de empatía, esta complicidad, me emocionan. Si los niños son tratados con cariño, si son consolados, besados y abrazos, si son valorados… aprenden a querer a los otros, a abrazar, a consolar…
Israel se sintió reconfortado, y la abrazó, fue un abrazo prolongado, sereno, disfrutado. Ella se dejó querer. Y yo aproveché para dejar constancia de tanta ternura haciendo una foto. Pero, ¡cachis!, terminé con la magia del momento.




A última hora, cuando han venido a recoger a los peques he comentado con las madres esa tontuna generalizada. Y una me ha contestado "es que están de nieve.”
– ¿Cómo dices?
– Que están de nieve.
– ¿Qué significa eso?
– Lo aprendí de las maestras de Villamanín, cuando los niños estaban así de raros decían que “estaban de nieve”. Y no fallaban, al día siguiente, o a los dos o tres días, nevaba.

Hace un rato estaba viendo el tiempo… y anunciaban nieve para el fin de semana. Me acordé de lo que esa mamá me dijo, “están de nieve”.
¿Será verdad que su naturaleza y sus ritmos circadianos presienten el cambio metereológico?

Con mis peques nunca dejo de aprender.

Lucía Antolín

martes, 2 de febrero de 2016

El color amarillo.

Cuando comienza un nuevo trimestre, también se plantean nuevos objetivos educativos en cada una de las áreas del Currículo, pero antes es preciso revisar si todos los alumnos han alcanzado los objetivos educativos del trimestre anterior. Bueno, pues repasando y actualizando anteriores aprendizajes hemos detectado que uno de los peques no acaba de reconocer el color amarillo y tiene alguna dificultad con las clasificaciones.  

Echando la vista atrás nos hemos dado cuenta de que esta circunstancia individual pasaba desapercibida en medio de la actividad grupal. Y es que, a veces sucede que los peques realizan una tarea mirando cómo la hacen sus compañeros, imitándoles, pero sin interiorizarla y sin apropiarse de los aprendizajes que esa actividad lleva implícita.

Y aunque el resto del grupo-clase ya domina este concepto hemos decidido volver sobre ello. No podemos seguir avanzando en la programación mientras haya al menos un niño que no haya alcanzado alguno de los objetivos propuestos, así que volvimos a trabajar sobre el color amarillo y las clasificaciones simples.

Primero fue un taller de pintura, en el que con témpera pintaron unas hueveras. Se trataba de crear algo “útil”, no solo pintar por el gozo que les produce manejar el color y las brochas (que no es poco), sino empezar a tomar conciencia de que son capaces de crear cosas que sirven para algo. 

Cuando hay taller de pintura ellos cantan, conversan, se ríen, se entafarran, disfrutan…y en casa, a las mamás les toca frotar el baby a mano.

 
Amarillo como...


Y, al terminar, como siempre, la parte más divertida fue limpiar las mesas y las brochas y lavarnos las manos. ¡Qué asombro les produce a estos chiquillos comprobar cómo el agua del lavabo se va tiñendo de color!
Al día siguiente esas hueveras amarillas nos sirvieron para clasificar bolas de color amarillo. 

Hasta ese momento, al clasificar utilizábamos objetos de diversas formas y colores. Es decir, en una bandeja se presentaban objetos múltiples de los que había que seleccionar los que fueran de color amarillo. En realidad esto supone trabajar al mismo tiempo con unas cuantas variables como la forma, el tamaño, el color o la textura. Es un nivel bastante avanzado, pero en su momento, cuando empezamos a clasificar lo hicimos trabajando solo con una variable.


Clasificar por color, pero lo objetos son todos diferentes.



Sin embargo, cuando vemos que a alguno de los peques se le hace difícil, o no avanza, es preciso retroceder al inicio (en este y en cualquier otro tema), para tratar de averiguar en qué momento empezaron las dificultades. En este caso, hubimos de volver a clasificar objetos que reúnen una sola característica, esta vez el color amarillo (Mientras las demás variables, el tamaño, la forma, y la textura son iguales para todos los elementos). Repetimos varios días la actividad de las hueveras y finalmente pudimos comprobar cómo este peque lograba avanzar en la distinción de los colores.



Los objetos son iguales, solo cambia el color



Debo decir que lo que de verdad me maravilló fue la actitud de los peques, que, cuando ella se confundía, los que estaban a su lado le decían "así no, así no es”. Y le indicaban la forma correcta de hacerlo. 
Siguiendo a Vigotsky (Zona de Desarrollo Próximo), creo que estas pequeñas correcciones son más trascendentes para el aprendizaje que si las hiciéramos los adultos. Y ello por dos motivos: primero porque el niño que corrige a otro afianza su conocimiento, segundo porque el niño que es corregido lo recibe con naturalidad, desde la paridad de un igual, no desde la relación de superioridad de un adulto.

De hecho, hemos cambiado el sitio en la mesa de algunos peques que van más avanzados y les hemos colocado junto a aquellos que les cuesta más seguir el ritmo. Creo que a través de esa interacción y pequeña conversación que se genera, ese mini scafolding, la adquisición de conocimiento resulta más motivadora, afectiva y efectiva.



¡Que se hace así!

En este segundo trimestre también trabajaremos con más intensidad la motricidad fina, al objeto de que al final de curso sean capaces de sujetar correctamente un lápiz y hacer sus primeros trazos. Dos de las tareas al respecto, que ya hemos realizado varias veces, han sido rasgar papel y hacer pellizquitos de plastilina.

Rasgar papel. Patronizando 



Rasgar papel es muy difícil, pues supone coger el papel con la pinza superior de ambas manos y tirar en sentido contrario. Ha sido preciso patronizar el movimiento para que llegaran a interiorizarlo. Porque lo peor que puede pasar a esta edad es plantear nuevas actividades y dejar que las realicen solos, simplemente mirando cómo lo hacemos nosotros y escuchando nuestras indicaciones. Ante las primeras dificultades ya dicen “no puedo”, y hay que sacarles de su zona de confort y animarles a intentar nuevos retos. 
Por eso, hay que sentarse junto a ellos y uno a uno, enseñarles cómo se hace, sujetando sus deditos, patronizando el movimiento, hasta que lo consiguen. Y, por supuesto, elogiar el “enorme esfuerzo realizado” y la “enorme cantidad de papelitos rasgados”.

Después, entre risas, soplamos los papelitos hasta sembrar el suelo, (“mira, mira cómo volan”) y luego los barremos y dejamos todo limpio.

Hacer pellizquitos con la plastilina también supone usar la pinza superior. En este caso planteamos una tarea colectiva: crear un camino (una fila) de pellizquitos de plasti. 
Cada niño trabaja con un pegote de color diferente al de los compañeros. Con esto se consigue que el esfuerzo de cada uno de los peques no quede diluido en el resultado colectivo, pues cada peque puede identificar fácilmente el producto de su propio trabajo, comprobando, además, que su tarea contribuye a conseguir el objetivo común, hacer una fila de plastilina. De esta forma se potencia el trabajo cooperativo desde pequeños.



Yo de color verde...


...y yo de azul. 



Ya sé que esto supone tener un montón de plastilinas de diferentes colores, pero si queremos hacer las cosas bien tenemos que disponer de una gran cantidad y variedad de materiales.

En fin, seguiremos informando.


Lucía Antolín.

domingo, 24 de enero de 2016

Yo juego, tú juegas, él juega.


A la vuelta de las vacaciones hay que darse un tiempo para volver a retomar las rutinas y el ritmo de trabajo. Los peques han estado en casa, todo el día con su familia más los allegados, disfrutando de ese ambiente tan especial que los hogares rezuman en navidad, y es lógico que no tengan ninguna gana de volver. Además, en esos días se han acostado y levantado tarde, han comido a deshoras, están más consentidos, y, en general pierden el ritmo de actividad que tenían antes de las vacaciones. Se puede decir que es una semana de readaptación.

Si esta semana ya es un poco complicada de por sí, para nosotros en esta ocasión lo fue aún más, pues tuvimos que despedirnos de nuestra querida Manuela. Ella y sus papás han sido unas víctimas más de la difícil situación económica que atravesamos y se han visto obligados a irse afuera de España buscando un futuro mejor. 

Para que el aterrizaje de Manuela en otro país tuviera el menor impacto posible, sus amiguitos le regalaron un álbum con más de cien fotos, de los momentos más significativos que este año de convivencia hemos tenido. (Un álbum que ya sabemos que todos los días allí, en su nueva casa, mira y remira, y comenta junto a mamá). Al despedirnos se nos han saltado las lagrimas, y los peques, en días sucesivos han preguntado por ella con frecuencia.

El álbum de Manuela

Después de Navidad el centro de interés no podía ser otro que los juguetes. Los Reyes Magos habían llegado cargados de regalos, de ingenuidad, de felicidad. Y se llevaron el pañal de Leyre y el chupete de Valeria. Con los juguetes nuevos llegaron también ilusiones renovadas, entusiasmo al descubrir nuevas posibilidades de juego, preferencias insospechadas. Por eso, aprovechamos ese contento general para realizar una actividad muy, muy especial: "Yo te dejo mi juguete".

Cada niño, cada día, trajo al centro uno de sus juguetes. En el aula los colocamos todos en la alfombra, cubiertos por una sábana. Ellos apenas se mantenían sentados esperando a que yo descubriera lo que la sábana ocultaba, se miraban unos a otros con expectación y dejaban escapar sus risas nerviosas y emocionadas. "A la de una, a la de dos y a la de..."
"¡¡Tres!!", terminaban gritando ellos, impacientes porque yo levantara ya la sábana y ver aparecer los secretos que ocultaba. Y así, con pequeños gritos de entusiasmo, se precipitaban sobre los juguetes, los tocaban, los cogían, los observaban, los nombraban, los probaban.


A la de una, a la de dos y ...


Después, cada peque reconocía su juguete, explicaba a los demás porqué le gustaba tanto y luego decidía a quien de sus compañeros se lo dejaba. ¡Ahí es nada, prestar su nuevo tesoro! Pues lo hicieron bien, sin forzarles, con naturalidad. A pesar de encontrarse en una fase de su desarrollo caracterizada por el egocentrismo, no les costó nada compartir. Tal vez porque esperaban disfrutar de ese otro juguete que había traído uno de los compañeros, tal vez porque empiezan a descubrir que compartir produce una satisfacción inigualable:
– Este es mi camión nuevo, y es para hacer así, y se lo dejo a...– mirada alrededor buscando aquella personita con la que mejor nos entendemos o que mejor tratará nuestro tesoro. 
– Este es el maletín de médico de Pepa Pig, es mío y se lo dejo a…
Pero después el camión, el maletín, la muñeca, la Minnie circulaban de mano en mano, y nadie dijo "es mío, no te lo dejo".

Y esta actividad tan simple me sirvió para ratificar lo que siempre os digo: cuantas más cosas hace un juguete, menos trabaja la imaginación del niño.
Así, al cabo de un rato, la Minnie y el Mickey que hablan y cantan, o el pajarito que repite lo que le dicen, estaban abandonados en un rincón, mientras los niños jugaban con los "juguetes de verdad", los que fomentan su imaginación y su capacidad cognitiva, los que potencian la relación con los demás, los que estimulan el lenguaje, los que permiten recrear situaciones de la vida real. Jugaron hasta cansarse a ser pediatras, a hacer comidas, a aparcar los coches, a cuidar bebés, a circular trenes...



La Minnie que habla sola...abandonada en un rincón
Porque lo que más nos gusta es hacer comidas...


...curar a los bebés...



...o jugar con los trenes.


Además de este taller, que hicimos todos los días, aprendimos la canción "Los juguetes de Nina", que tiene bonitas rimas, y, como siempre, lo primero cada día, a cantar y bailar. ¡No hay mejor forma de comenzar la jornada!


Vamos a jugar, vamos a jugar, 
sus juguetes Nina nos va a enseñar.
Tiene una pelota que bota y rebota, 
pom, pom, pom.

Un tren que no para y hace chaca-chaca, 
cha, ca, cha.

Un coche que pita y va muy deprisa, 
pi, pi, pi.



Luego, en grupos de dos, ojeaban el libro de Nina y señalaban y conversaban sobre esas cosas tan, pero tan interesantes,  que solo a ellos interesan.


Yo también tengo un osito... y yo un tren.

También en el panel de los murales, observamos y comentamos las características de algunos juguetes, si tienen ruedas, si son para comprar y vender, si son para hacer torres o si los hay iguales en la clase. Y en el otro mural, contemplamos una escena de niños jugando, niños que no se pelean, ni rompen los juguetes, ni los dejan tirados por el suelo. ¡Nosotros tampoco!










Dado que este es un tema muy significativo para ellos, aprovechamos para ir avanzando en la introducción de la segunda lengua, el inglés. En el trimestre anterior ya habíamos iniciado el conocimiento de la lengua extranjera a través de los saludos, el nombre y pequeñas cancioncillas. Ahora empezaremos a nombrar objetos (juguetes) asociándoles algunas características (grande, pequeño). 
Entro en la clase con una misteriosa caja y les digo:
– I have a surprise. Look this box! I have toys here.

Como sabéis, cualquier novedad atrae enseguida su interés, así que al punto tengo posadas en mí once miradas. Abro la caja y, poco a poco, con teatralidad, procurando generar expectación, voy sacando objetos:
– This is a car. A big car – y con mis gestos exagero el tamaño para que comprendan y asimilen mejor el concepto. Luego dejo el coche sobre la alfombra.
– This is a lorry. A small lorry...
–This is a book. A big book...

Así, uno a uno, ante sus asombrados ojos van a apareciendo perros, coches, camiones y libros. Dejo que los cojan, los manipulen, jueguen un poquito, se los pasen unos a otros, y, al final, los colocan otra vez sobre la alfombra. Entonces le pregunto a Vanesa, la otra educadora:

– Vane, where is the small car? – Los once pares de ojos vuelan hacia ella. Intencionadamente, Vanesa se confunde y señala el coche grande, y yo, con gestualidad muy pronunciada para resaltar esas características (Big, small), le advierto de que se ha confundido:
– No, no. That is the big car. The small car is here.
Y así con todos los objetos.

A los pocos días, en lugar de preguntar a Vanesa empiezo a preguntarles a ellos. Se hace el silencio mientras interiorizan la pregunta y al poco, unos me contestan cogiendo el objeto en su mano, otros simplemente lo señalan, otros lo miran. Si veo que alguno no acierta no le dejo cometer el error, simplemente me adelanto y yo muestro el objeto que he pedido, como si realmente fuera el niño quien acertara con la solución.


Where is the small car?

Claro está que no podía faltar alguna actividad de lógica matemática. En este momento estamos aprendiendo y diferenciando los cuantificadores básicos, en este caso el concepto uno-muchos. A los adultos esto les puede parecer una simpleza, pero para la mente de estos peques es muy complicado. La mejor manera de aprenderlo es manejando esas cantidades con objetos, comparando y contrastando:

En la caja grande caben muchos camiones, en la pequeña solo cabe un camión

Y, lo más especial de todo, celebramos el cumpleaños de Leyre, la primera del grupo en cumplir los tres años. ¡Felicidades, tesoro!


Tres añitos, ¡qué mayor!


Lucía Antolín