domingo, 28 de febrero de 2016

Carnaval de ilusión.


El fin de semana de carnaval, me encontré con una compañera de profesión, y, al amor de un café, conversamos sobre diferentes aspectos de nuestro trabajo. Me comentó las actividades que ella había realizado en su Escuela Infantil relacionadas con el carnaval: pintar antifaces, pegar gomets en láminas de un payaso, una fiesta en la que los peques iban disfrazados de casa…Le pregunté qué objetivos estaban trabajando y me dijo que bueno, que ella iba planteando actividades relacionadas pero sin objetivos concretos, solo experimentar y disfrutar con la actividad. Esto en sí ya es una excelente motivación, pero creo que, además, se puede aprovechar para introducir otros objetivos pedagógicos. Al menos así lo hacemos en nuestro centro infantil. 







Yo le comenté que aún no habíamos empezado a trabajar sobre este centro de interés, que lo haríamos después del desfile de carnaval, y me miró extrañada. Y es cierto, a ojos profanos puede parecer que vamos siempre retrasados en los centros de interés que proponemos con respecto a la realidad: no tratamos el otoño hasta que los árboles no han perdido la hoja, el carnaval hasta que no ha pasado el desfile, o el invierno hasta que no llega la nieve...

La razón es que con la edad de nuestros peques el aprendizaje es fundamentalmente significativo, se construye sobre ideas, imágenes y conceptos que ya conocen. Además su capacidad de abstración es muy pequeña, y si les hablamos de algo que no pueden ver o percibir de alguna forma, pues no entenderán nada. Aprenderán palabras nuevas, pero no su significado. Por eso considero importante trabajar los centros de interés sobre hechos del entorno inmediato de los que los peques ya han tenido conocimiento.

Pero...empezemos por el principio.
Las semanas anteriores, junto con los papás y mamás de nuestros peques habíamos preparado una comparsa para desfilar a la que se sumaron algunas abuelas, tías, primos, vecinos... Un grupo heterogéneo, una singular amalgama de intereses, relaciones personales y ganas de pasarlo bien. Nuestro objetivo era potenciar la cohesión de las familias entre ellas y en su relación con la guardería. Y también acercar a los niños a las celebraciones comunes para aportar nuestro granito de arena en la tarea de “hacer pueblo”.


Los ancianitos del gariátrico Duendes

Habíamos buscado un tema que fuera facilito de hacer, que no supusiera un desembolso para las familias, y que, al mismo tiempo, pudiera resultar atractivo para los peques, pues es sabido que a esta edad apenas les gusta disfrazarse. Decidimos vestirnos de ancianitos, ya que se podía hacer con elementos que nos encontramos en casa: faldas, mandiles, gorras, chalecos, etc. Y así, nos inscribimos para el desfile como “Geriátrico Duendes”. 
A los peques se les dijo que se iban a vestir como Tana , La Castañera, un personaje que ya conocen de los cuentos y que para ellos es muy querido. Y para los niños nos inventamos un castañero. Luego, con los andadores que algunos papas iban fabricando y que dejábamos en el aula, hacían carreras, juegos de pillar, imitaban a los abuelitos...risas, fiesta, alegría..

Como Tana, La castañera

Y quizá por estas razones, todos, pequeños y mayores, se implicaron y participaron de forma entusiasta. Y el resultado fue que pasamos un día inolvidable, disfrutando todos juntos, con la cercanía y conexión que da trabajar en un proyecto común. Además de ganar el primer premio en nuestra categoría. 












La verdad es que nuestros chiquitines estaban para comérselos, ese contraste entre su niñez y la ancianidad del disfraz llamaba la atención. Y ya, cuando después de desfilar lentamente, encorvados y achacosos como auténticos ancianitos, empezó a sonar nuestra música (Muevo mi cuerpo) y ellos tiraron los bastones y andadores, se irguieron y se pusieron a bailar con entusiasmo, fue un momento un poco delirante. ¡Cómo se reía la gente que contemplaba el desfile!

Nuestro enfermero cada poco repartía a los ancianitos sus pastillas para la tensión (Lacasitos)

Al terminar, como ya era de noche y empezaba a hacer frío, nos fuimos para la guarde donde pudimos tomarnos unos sanwichs calentitos y un chocolate con bizcochos. Luego corretearon y jugaron un rato mientras los mayores charlábamos, reíamos, compartíamos anécdotas, compartíamos nuestro tiempo, nuestro hacer, nuestro ser. ¡Qué vivencia tan bonita!
¡¡Gracias a todos por hacerlo posible!!

Fue al lunes siguiente, cuando ya los peques se habían formado una idea de lo que es el carnaval, cuando empezamos a trabajar sobre este tema, ayudándonos de un mural tamático.
Comenzamos en la asamblea hablando de las experiencias y vivencias previas: 
-Carnaval es ponerse ropa y cosas para parecerse a otras personas y animales, y es muy divertido- les dije yo.
- Sí, yo corrí mucho con el andador.
- Y mi hermano también.
- Mi papá me cogió en brazos.
- Yo era como Tana.
- Pues yo tenía miedo del bicho verde...

No me extraña, detrás de nosotros iba una pareja de cazafantasmas (corrígeme, Sergio Canga) con fantasma-fantoche-monstruo incuído, que nuestros peques ni se atrevían a mirar. 

Aproveché para hablar del miedo, y decirles que debajo de los disfraces y de las máscaras hay personas, que les gusta ponerse esas cosas para reírse y que les miren, pero que no hacen nada. Y para demostrarlo yo misma me puse un par de caretas, un poco feas, la verdad, que no debieron de gustarles nada porque ni se acercaron a tocarlas como es habitual cuando hay algo nuevo en el aula.
- Pero yo tenía miedo - insistía Leyre.
- Claro que sí, porque el monstruo era muy feo- le corroboraba yo.
-Y no tenía cara, y me daba miedo- apostilló ella- Y Fonso también me da miedo, porque no tiene boca y no habla.(Fonso es un vecino laringectomizado)

Tanto insistía con el miedo que volvimos a leer el libro “El monstruo de los colores”, donde se habla de cómo nos sentimos cuando tenemos miedo. Entonces pregunté a los otros niños qué cosas les daba miedo, pero no fueron capaces de contestar. No me quedó claro si no entendieron la pregunta o aún no saben identificar muy bien esa emoción.


El monstruo de los colores también siente miedo

Al día siguiente vimos en el ordenador imágenes de niños vestidos con diferentes disfraces, intentando que los peques identificasen cada disfraz. Esta actividad les gustó mucho, y es curioso observar como ante un mismo disfraz unos peques interpretan una idea y otros otra. Luego bailamos nuestra canción de carnaval.

Aunque las mamás nos habían comentado que a algunos peques no les gustaba disfrazarse, el miércoles decidimos dejar a su alcance algunos cofres con elementos para caracterizarse, para quien quisiera hacerlo. Lo que sucedió lo he contado en la entrada anterior. Pinchad aquí.También realizamos actividades de lógica matemática, que por cierto los peques resolvieron muy bien.
Lo primero fue una asociación. En una caja teníamos diferentes elementos que los peques tenían que asociar con la imagen correspondiente: el mandil con La Castañera, la guitarra con el músico, los zapatones con el payaso, etc.


 
Carnaval. Asociando objetos e imágenes





Las alas con la mariposa, la peluca con el payaso, el rey con la corona...


Otro día utilizamos esos mismos elementos para hacer comparación de tamaños, grande-pequeño. Aquí una de las peques me dijo que el mandil grande era grande porque era mandil de mamás. ¡Toma ya!

El mandil es grande porque es de mamás.
Y los zapatos son pequeños porque son de Jorge











Y luego los utilizamos también para trabajar la grafía y cantidad de los números uno y dos. Observaban los elementos que había en el suelo, los contaban, bueno, los contaba yo, y los colocábamos en la caja correspondiente a su número: dos zapatos, una corona, una guitarra, dos mandiles... Esta actividad la repetimos varios días, porque estamos empezando a asociar grafía y cantidad y es bastante difícil.

Dos zapatos, una guitarra, dos mandiles, una peluca

Otro elemento característico del carnaval es el confeti y las serpentinas, que también utilizamos para enseñar algunos conceptos. Primero se las dejamos para que las manipularan a su aire, para satisfacer esa curiosidad innata en los niños ante cualquier novedad, esas ganas de experimentar, de descubrir, de sentir y de adueñarse de lo nuevo. Porque cuando se introducen elementos novedosos es mejor que primero se familiaricen con ellos, observando, tocando, manipulando. Así, una vez satisfecha su curiosidad, su atención se centrará mejor en la tarea que se les propone, que esta vez era contrastar los conceptos largo-corto.

Serpentinas de colores colgadas de una cuerda


Lo que hicimos esta vez fue colgar las serpentinas de una cuerda para compararlas. Los peques también las lanzaban hacia arriba una y otra vez pero no llegaban.
- Está muy lejos.
- No llego.
- Está arriba.
- Está muy alto.
"Arriba, alto". Vamos constatando que poco a poco empiezan a utilizar el vocabulario y los conceptos con precisión.

Bueno, como las serpentinas estaban un poco enrolladas tuvimos la impresión de que los peques no percibían bien la diferencia. Quizá también porque no se centraron, pues lo realmente interesante para ellos era corretear por debajo, para sentirlas en la la cara y para intentar echarlas abajo.
Así que las colocamos en el suelo y las estiramos para compararlas mejor. Y ahí sí que los peques observaron con atención, y pudimos darnos cuenta de lo que es largo y corto.
- Mira, estas se escapan- decía uno de las serpentinas largas. 
¡Bonita manera de expresar el concepto que estaba asimilando! 

¡Que se nos escapan las serpentinas largas!

Después propusimos dibujar las serpentinas en la pizarra, a lo que accedieron entusiasmados, pero lo que nosotras pretendíamos era seguir afianzando el trazo vertical.

Serpentinas de colores, trazos verticales


Todavía quedaban actividades por hacer cuando nos sorprendió la llegada de la nieve. Pero como el interés ya era otro no tuvimos más remedio que cortar y empezar un nuevo tema, el invierno.

Os lo contaré en la próxima entrada.

Lucía Antolín.


2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias, Vanesa. Las semanas se pasan volando cuando estás rodeada de gente pequeña.
      Buena semana para tí también.

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