lunes, 7 de marzo de 2016

El invierno

A la semana siguiente de navidad, pasé por delante de una guardería y vi las cristaleras decoradas con motivos invernales: copos de nieve, muñecos, casitas nevadas. La estética desde luego era muy agradable, pero, me pregunto si toda esta decoración realmente puede trasmitir a los peques la idea del invierno. Sinceramente, creo que no.

En muchos centros infantiles abordan la nueva estación sin que en el ambiente haya cambios visibles, tanto en la meteorología como en el paisaje natural. Ya dije en la entada anterior que en nuestro centro pareciera que vamos retrasados con respecto al calendario a la hora de “estudiar” los diferentes temas, y expliqué el porqué. 

Por eso, el tema del invierno, aunque programado con suficiente anterioridad, no lo ponemos en marcha hasta que no nieva. Y por fin, después de que nuestros peques hubieran presentido la nieve, la dama blanca, hermosa y fría, una noche de invierno se dedicó a cubrir todo con suaves y delicados copos.



Invierno en nuestro bosque



Ese día por la mañana hube de empezar a trabajar media hora antes de mi horario habitual, para que cuando llegaran los peques, la nieve también estuviera presente en nuestro rincón de las estaciones. Trasformé nuestro bosque de otoño en un bosque de invierno. Pero no dije nada.


Una de las rutinas de la mañana es comentar el tiempo atmosférico mirando por la ventana. (En esta entrada lo he explicado mejor, pincha aquí para leerlo.) Pues este día, la expectación fue mayúscula. Aunque era una capa de nieve muy fina, era suficiente para poder contemplar un paisaje nevado. Asomados a la ventana, fuimos guiando su curiosidad con diferentes preguntas:
—¿De dónde ha salido la nieve?
— Se cae de arriba.
—¿Del tejado?
—Sí, del tejado— contesta una chiquitina mirando los tejados de enfrente cubiertos de nieve.
—No del tejado no. Del cielo— rectifica otro de los peques.
—Yo no veo el cielo.
—Porque hay muchas nubes.
—Sí, hay muchas nubes.Ya las veo, pero no veo la nieve.
—Porque está dentro de las nubes.
—Y, ¿cómo es la nieve?
—Mojada
—¿Y qué más?
—Mojada, ya te lo "decí".
—¿Se puede tocar la nieve?
—Sí, está fría
—Y mi mamá hizo así con los pies..
—¿Quieres decir que hizo huellas con los zapatos?
—Sí.
—¿De qué color es la nieve?
—Pues así— y me señala la calle nevada, como diciendo ¿es que no lo ves?
—¿Es de color amarillo, rojo o blanco?
—Es blanco...

No todos los peques razonan así de bien, pero escuchan a los compañeros que van respondiendo a nuestras preguntas, comprueban la veracidad de las repuestas observando el paisaje a través de la ventana y, lo que me parece más importante, les sirve de modelo para aprender a mantener un diálogo y a dar respuestas razonadas. Puede parecer algo ambicioso con niños tan pequeños, pero si lo hacemos una y otra vez terminan aprendiendo.

Fue al bajarse del banco al que suben para asomarse a la ventana cuando vieron nuestro bosque nevado. "Mira, mira, mira", me decían entusiasmados mientras me sujetaban del baby y tiraban de mí , tal vez pensando que yo no lo había visto. Y claro, un buen rato estuvimos observando y comentando. "¿Dónde están las ardillas? ¿Y los caracoles? ¿Y el oso?", preguntaban.

Expliqué que algunos animales se pasan todo el invierno dormidos en sus cuevas mientras hace frío y luego se despiertan en primavera. Entonces uno de los peques me dijo que no, que nuestro oso no estaba dormido porque no estaba tumbado ¡Toma ya, lógica infantil! No me quedó más remedio que tumbar al oso para que pudiera dormir.



Nuestro oso no se ha dormido...

Otro día reparamos en que Miguel y Rosa aún tenían la ropa del otoño, se la quitamos y les vestimos bien abrigaditos: gorro, bufanda, guantes, botas, hasta gafas de sol para protegerse los ojos de la nieve. Pero Miguel y Rosa son unos despistados. ¡Cachis! Casi todos los días aparecen sin la ropa de invierno y tenemos que volver a ponérsela. Bueno, y Miguel hasta ha perdido un guante.

Miguelito ha perdido un guante

Con el paso de los meses los peques van adquiriendo más destrezas. Así que estos días también les hemos enseñado a ponerse y quitarse el abrigo y el gorro ellos solitos, que van evolucionando y haciéndose cada vez más autónomos. Pero algunos papás todavía no se han enterado y siguen ellos poniendo el abrigo a los niños. ¡Papis! ¡Dejadles a ellos solos! ¡Potenciad su autonomía! ¡Permitidles creer!


1. Meto las manos en las mangas...
2.Estiro los brazos hacia arriba...


3. ¡Lo conseguí!


Conseguir vestirse sin ayuda es un hito en la evolución de su autonomía que influye positivamente en su autoestima. Para reforzarla, hicimos un taller de inteligencia emocional, una conversación con el espejo, es decir, consigo mismo. Uno a uno, guiados por mi, los peques se contemplaban en el espejo con el abrigo que acababan de ponerse y se decían a sí mismos lo orgullosos que estaban de su nuevo aprendizaje. Reconocer nuestros avances y sentirnos orgullosos de ellos forma parte de nuestra inteligencia intrapersonal. Pero esta conversación interna no nos resulta fácil ni siquiera a los adultos. Y menos a los peques. Pudimos observar cómo a algunos chiquillos les daba vergüenza decirse cosas bonitas, otros no se querían mirar, otros reaccionaron diciendo tonterías...y otros tienen el ego tan alto que se miraron y remiraron durante un buen rato haciéndose monerías. Esto del espejo es un mundo. Pero al final todos tuvieron su ración de caricias positivas.

Me da vergüenza decirme cosas bonitas 



La nieve se fundió enseguida y apenas nos dio tiempo a manejarla, sentirla, chuparla, hacer huellas... Para compensarlo, una mañana estuvimos trabajando con nieve artificial. Se hace con bicarbonato y agua, y el tacto es muy parecido al de la nieve real. La proporción es de tres medidas de bicarbonato por una de agua fría. Preparé cinco kilos de nieve que repartí en bandejas de color azul, para que el resultado fuera más efectista y por parejas trabajaron con ella, con la consigna de que no se podía tirar fuera de las bandejas. La apuñaban, la amontonaban, hacían círculos y rayas con el dedo, plasmaban la huella de la mano, llenaban y vaciaban los cubos, algunos se reían, otros cantaban, otros estaban absortos en la terea... mientras de fondo escuchábamos "El invierno", de Vivaldi. El objetivo para esta actividad, además de la sorprendente experiencia sensoriomotriz, era seguir trabajando las formas redonda y cuadrada haciendo huellas con los diferentes cubos.
Nosotros hacemos huellas con los cubos

Y nosotras dibujamos círculos con el dedo












También realizamos un taller de tipo científico que duró dos días, "Cubitos de colores", pero por su gran interés lo contaré con más detenimiento en una entrada aparte.


En todos los centros de interés que tratamos hay una canción y un cuento específico. La canción del invierno es esta que os enlazo a continuación. Como siempre, la enviamos por watshapp a las familias, para disfrutar también en casa, cantando con papá y mamá.






El cuento elegido fue “Sueños de Nieve”, de Eric Carle. Es una historia preciosa, sencilla y muy colorista (como todos los libros de Carle), que al mismo tiempo que ayuda a visualizar una nevada, sirve para numerar del uno al cinco con los dedos de la mano.
No he encontrado en la red ninguna página con la que enlazar para que los papás pudierais verlo, salvo en una actividad el tipo EdiLim. Pero para verla se necesitan unos plugins especiales que la mayoría no tenéis instalados en el ordenador, por lo que he optado por hacer un pequeño vídeo con el móvil a través de la pantalla del ordenador. Pero antes de colgarlo aquí voy a enterarme si esto es legal.

















Bueno, el cuento les gustó muchísimo. Los copos de la portada tienen relieve y al pasar las manos por encima se pueden sentir, con las transparencias de la nieve jugaban a adivinar qué animal hay debajo, la frase repetitiva se la aprendieron a la primera y la decían conmigo cuando lo narraba, y al final hay una hoja con música y lucecitas que todos querían encender. ¡Una maravilla de libro! Por cierto, uno de los peques me preguntaba una y otra vez cómo se llamaba el granjero, así que no me quedó más remedio que bautizarle, le llamé Eric Carle, como el autor.


Los animales se llamaban Uno, Dos, Tres, Cuatro y Cinco

También hicimos un taller de expresión artística. Se trataba de pintar la nieve en la noche, como habíamos visto en el cuento, mientras de fondo escuchábamos la música de Vivaldi. La concentración era absoluta, y el resultado fue expectacular, tanto que algunas mamis esa misma tarde llevaron a enmarcar la obra de arte de sus retoños. ¡Ni en la mejor galería encontraremos arte tan genuino!

Pintura blanca y azúl sobre fondo negro
Concentrados en la tarea....


...para crear auténticas obras de arte.

Finalmente, el viernes nos dedicamos a hacer un taller de esculturas utilizando plastilina, macarrones y palillos. El objetivo era seguir trabajando la motricidad fina, pero el resultado me dejó asombrada. ¡Qué creatividad demuestran los peques cuando se les da oportunidad! Las obras que crearon me parecen magníficas para su edad.

Esto es un barco
Un sol

Un cohete 


Un chupachús

Un trineo

Lucía Antolín

4 comentarios:

  1. ¡Que bonito!Voy a coger ideas para el próximo curso.
    Gracias por compartir!

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    1. Gracias, Laura. Ese es el objetivo, compartir nuestro saber hacer para contribuir a crear comunidad educativa.

      Un abrazo,
      Lucía.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  3. Encontré tu blog por casualidad y ya he leído varias cosas muy muy interesantes, estoy aprendiendo mucho.
    Gracias!

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